Suicidio y medios de comunicación

Si se habla del suicidio de una manera rigurosa, responsable y respetuosa, los medios pueden jugar "un rol activo" en la prevención del suicidio.

Los medios de comunicación e Internet siguen considerándose como "importantes factores de riesgo". Lo hacen anclados en un viejo papel que durante décadas se asignó a los medios de comunicación, a los que se pedía que silenciaran el suicidio para no provocar un efecto contagio.

Pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) lleva dos décadas matizando este mensaje: no es hablar del suicidio lo que puede provocar un efecto contagio, sino el hacerlo mal. Si se habla del suicidio de una manera rigurosa, responsable y respetuosa, los medios pueden jugar "un rol activo" en la prevención del suicidio.

¿Cómo hacerlo? Es una pregunta compleja y que habrá que adaptar a cada caso concreto, pero la OMS estableció ya en 1999 una serie de líneas rojas que no había que traspasar, pautas que desde la Comisión Interinstitucional del Gobierno de Navarra se han actualizado en los últimos años.

Por ejemplo, los suicidios concretos no deberán ser noticia salvo en casos muy excepcionales en los que los profesionales de la comunicación deberán redoblar sus cautelas. No habrá que difundir el método, no habrá que simplificar las causas, habrá que huir del sensacionalismo... En todo momento, a la hora de elaborar estas informaciones deberá primar el respeto por la persona que se ha quitado la vida y su entorno, el rigor y la responsabilidad, para no provocar un posible efecto contagio. Según más de un centenar de estudios, coberturas erróneas que incumplen las pautas de las guías que se adjuntan en Medios de Comunicación han ido asociadas a un incremento de los casos en los meses posteriores.

Por el contrario, la presencia del suicidio en los medios de comunicación deberá ir más enfocada a la visibilización de la problemática y a la concienciación de la población. En este sentido se recomienda difundir las cifras de suicidio, dar voz a testimonios de supervivientes o de personas que han sobrevivido a una tentativa y puedan inspirar a otras personas que puedan estar pasando por lo mismo, se difundirán las señales de alarma y los factores de riesgo, se difundirán las opiniones de expertos, se hablará sin caer en el estigma de la salud mental.

  

A través de estas líneas maestras, los medios de comunicación, en su versión tradicional como en las redes sociales, sí podrán jugar ese rol activo que la OMS lleva reclamando dos décadas.